Un recorrido te deja ver la propiedad. No te deja ver lo que la sostiene.
Ninguno de esos cinco puntos se nota caminando la unidad. No están en los acabados, ni en la vista, ni en la sensación del edificio. Están en papel, en registros públicos, y hay que ir por ellos.
El certificado de libertad de gravamen te dice si la propiedad carga deudas o litigios. El uso de suelo real, si lo que se te vende coincide con lo que legalmente puede haber ahí. El reglamento bajo el que se construyó importa porque un edificio de 1975 y uno de 2020 se levantaron con exigencias sísmicas distintas. El avalúo independiente contrasta el precio de lista contra lo que un tercero sin interés considera que vale. Y la zonificación sísmica explica cómo se comporta el suelo bajo tus pies.
Se notan meses o años después. No antes.